jueves, 25 de julio de 2013

Reviso frases hechas: “Todavía no encontré mi media naranja”




Dos cuestiones me surgen de ésta frase
1         La persona necesita que la completen (sólo está conformada por una mitad)
2         Necesita que la complete algo exactamente igual a ella
El príncipe azul, el anillo de mi dedo  y  la media naranja representan una especie de salvación a la sombra de la persona, a aquella parte que no le gusta de sí mismo, a esa zona oscura que de alguna manera  busca aclarar.  Al no saber cómo y con la urgencia de querer resolver inmediatamente cuanta zona gris se presente, las personas  quieren que los demás llenen sus espacios vacíos.    Con una mitad que  agrada y con la otra por mejorar se sale en búsqueda, en ocasiones a la caza, de quién ha nacido con el fin de hacer de mí una persona casi ideal.
Partiendo de la base que el ideal es sólo una ilusión óptica, un inalcanzable, la ilusión no tarda mucho en desaparecer.  Quizás como todo oasis al principio inspire felicidad.  Sin embargo, el tiempo, sabio esclarecedor de incertidumbres, se encarga de acercarnos al oasis y allí, cuando nos arrodillamos a tomar agua, cuando pensamos que íbamos a calmar la sed de nuestra imperfección el hechizo se rompe y una vez más nos quedamos solos  con nosotros mismos.
Sería bueno saber que nadie nos va a completar.  Sólo estamos nosotros con el manual de instrucciones  sobre nuestra  personalidad, el mismo nos indica cómo unir las piezas de nuestras fortalezas con las de las debilidades, cómo ejercitar nuestras emociones, qué hacer de nosotros con nosotros como seres incompletos.  Seres que deberían tratar de buscar la autorrealización y con el fin de abrirse al otro  ser feliz. 
Cuando podemos mirarnos y reconocer nuestros defectos,  cuando aprendemos a escuchar la nota que desafina en la melodía que nos compone como personas nos acercamos al autoconocimiento.  Cuando sabemos que hay algo que mejorar tenemos la capacidad de elegir el recurso que queremos utilizar para cambiar, modificar y de esta manera prescindir de que alguien nos salve de nosotros mismos y nos complete.
Cuando las personas buscan en el otro su otra mitad a veces entienden que las similitudes y afinidades son la fórmula del éxito.  Por el contrario, considero que puede ser más enriquecedor,  unirse en las diferencias.  Claro que es también mucho más difícil entablar una relación donde el otro aporta una mirada totalmente distinta a la propia, pero si de aportar se trata bienvenida sea esa nueva visión que quizás modifique o sólo agregue y haga más nutrida la mía.
Al buscar la otra naranja y querer que mi mitad se encastre sin dejar ni un espacio vacío con otra, ocurre eso, no dejo espacios para que nada entre.  De esa manera impido la creatividad, el desarrollo, me estanco.  Es una situación sólo cómoda, y en todo caso que lo cómodo sea tu sillón no tu vida.
Hay parejas que hasta se mimetizan, empiezan a semejarse, hablan igual y así con el paso del tiempo van poniendo una en la otra una tapa que cuando se cierra del todo basta con sentarse enfrente para ver  que explote como lo hace cualquier olla a presión.
Y yo por la calle veo muchas parejas dos medias naranjas, sin embargo las que disfruto son las mitad naranja mitad uva, mitad banana mitad kiwi, mitad frutilla mitad melón.
Pero las que más me gusta ver, son las parejas ensalada de frutas.   


2 comentarios:

  1. Excelente!!!! Totalmente de acuerdo, el dificil arte de complementarse, más que de completarse!!!

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